El querido “Campito”, símbolo humano del club loíno y recordado por generaciones de hinchas, murió durante la madrugada en Antofagasta, donde permanecía internado en delicado estado de salud. Su imagen inmortalizada en el Estadio Zorros del Desierto mantiene vivo su legado junto a los grandes planteles mineros.
Profundo pesar existe en Calama y en el mundo de Cobreloa tras confirmarse el fallecimiento de Luis Campos, recordado paramédico que acompañó al club desde sus primeros años y fue parte inseparable de los equipos estelares que marcaron la historia naranja en Chile y Sudamérica.
Campos, cariñosamente conocido como “Campito”, se encontraba atravesando un complejo estado de salud y había sido trasladado a Antofagasta para recibir atención médica especializada, donde finalmente dejó de existir en horas de esta madrugada. Durante las últimas semanas, diversas publicaciones vinculadas al club y medios locales habían informado sobre su delicada condición, generando una amplia cadena de apoyo entre hinchas, exjugadores y la comunidad loína.
Más que un funcionario, Luis Campos fue parte del alma de Cobreloa. Su presencia en camarines, concentraciones y partidos lo convirtió en un personaje entrañable dentro de una institución que vivió años gloriosos con títulos nacionales, campañas internacionales memorables y figuras que marcaron época. Muchos exfutbolistas siempre destacaron su cercanía, compromiso y permanente disposición para asistir a los jugadores.
Junto a Luis Becerra Constanzo, histórico utilero del club, conformó una dupla señera e inolvidable en la vida cotidiana de Cobreloa. Ambos fueron rostros permanentes de camarines, entrenamientos y viajes, ganándose el cariño transversal de jugadores, dirigentes, socios e hinchas, quienes hasta hoy los recuerdan con enorme afecto y gratitud.
En reconocimiento a su trayectoria y cariño popular, Campos recibió homenajes públicos, entre ellos uno realizado en el Estadio Zorros del Desierto, donde una de sus imágenes recuerda a quienes entregaron su vida por la institución desde el silencio y el trabajo cotidiano.
Su partida enluta a la familia loína y deja un vacío entre quienes conocieron de cerca a uno de los rostros más queridos de la historia minera. Luis Campos se marcha, pero su nombre seguirá ligado para siempre a la memoria grande de Cobreloa.
